En marzo de 2022, el precio del petróleo superó los 120 dólares por barril tras la invasión rusa a Ucrania, lo que llevó a la Reserva Federal (Fed) a iniciar el ciclo más agresivo de aumento de las tasas de interés desde la década de 1980. El objetivo principal era contener la inflación elevada, que persistía por encima de la meta del 2% desde el inicio de la pandemia.
Sin embargo, esta no fue la primera vez que el Fed necesitó ajustar su política monetaria ante choques en el mercado energético. Durante la crisis del petróleo en 1980, la institución elevó la tasa básica de interés al 20% con el fin de contener la inflación causada por el aumento abrupto en los precios del combustible. Esta medida resultó en una recesión, pero se consideró necesaria para controlar la alta inflación.
En la crisis del Yom Kippur, entre 1973 y 1974, el precio del barril saltó de US$ 3 a casi US$ 12. El Fed alternó entre aumentos y pausas en las tasas de interés, buscando equilibrar el impacto inflacionario sin perjudicar la economía. Por otro lado, durante la crisis del petróleo de 1970, la prioridad de la institución fue desacelerar el crecimiento económico para enfrentar el aumento del desempleo, lo que configura un enfoque más cauteloso ante el choque energético.
Otro episodio marcado por un choque en el precio del petróleo ocurrió entre 1990 y 1991, durante la primera Guerra del Golfo, cuando los valores casi se duplicaron. Inicialmente, el Fed se centró en contener la inflación, pero luego suavizó su política monetaria ante la recesión que siguió. Este movimiento demuestra la flexibilidad adoptada para responder a las dinámicas económicas variables causadas por factores externos.
Actualmente, la Reserva Federal evalúa cuidadosamente los efectos del aumento reciente en los precios del petróleo, que han aumentado un 50% desde febrero de 2024 debido al conflicto en Oriente Medio. Según el Fed, choques prolongados en el costo de la energía tienen potencial para influir en la inflación subyacente y, consecuentemente, en la formulación de la política monetaria. El presidente Jerome Powell destacó la importancia de monitorear todas las variables económicas para medir el impacto real de esta subida.
Además, el gobernador del Fed, Chris Waller, comentó sobre la complejidad de los efectos prolongados del precio elevado del petróleo, reforzando que la persistencia del choque puede alterar tanto la inflación como el crecimiento económico. La presidenta del Fed en San Francisco, Mary Daly, presentó diversos escenarios basados en la duración del conflicto actual, indicando que la estabilización o ampliación de la crisis energética guiará las futuras decisiones de la autoridad monetaria.
En general, el Fed considera que un aumento sostenido del petróleo por encima de 100 dólares por barril puede dificultar la expansión económica de Estados Unidos. Por el contrario, análisis del Deutsche Bank señalan que choques temporales en este mercado pueden ser tolerados, dado el contexto actual de la economía global. Finalmente, se espera que la Reserva Federal continúe evaluando los desarrollos del conflicto y la evolución de los precios para ajustar su política según sea necesario.