El avance de las stablecoins enfrenta obstáculos significativos debido a la complejidad regulatoria y a la falta de una infraestructura robusta para la conversión en monedas fiduciarias. En Estados Unidos, el GENIUS Act impone normas rigurosas a los emisores de estos activos digitales, estableciendo requisitos que buscan una mayor seguridad para los usuarios. Sin embargo, mientras tanto, la capa responsable de la conversión entre stablecoins y monedas tradicionales sigue sometida a reglas variadas y fragmentadas.
En Reino Unido, la Financial Conduct Authority (FCA) está en proceso de definición de normas que abarcan emisión, custodia y requisitos prudenciales para stablecoins. Por otro lado, el mercado observa que la infraestructura onchain responsable del off-ramp opera bajo regímenes ya existentes, como los de Money Service Businesses (MSBs) e Instituciones de Dinero Electrónico (EMIs). Esa superposición regulatoria genera desafíos en la operación y amplía los costos involucrados en la conversión.
En marzo de 2023, por ejemplo, la desvalorización temporal del USDC evidenció la fragilidad del sistema ante el crecimiento acelerado de la circulación de las stablecoins. Esta situación resaltó la falta de estandarización y confiabilidad operacional para la conversión rápida y segura en moneda fiduciaria. La fragmentación de los procesos y los costos elevados siguen limitando la adopción a gran escala de estos activos digitales.
Además, muchas empresas están obligadas a mantener dos tesorerías distintas: una dedicada a los activos digitales y otra a los pagos tradicionales. Esa dualidad dificulta la integración de los flujos financieros y aumenta la complejidad de las operaciones diarias. Por lo tanto, la ausencia de una infraestructura institucional escalable restringe el uso de las stablecoins para pagos en euros, libras o dólares de manera eficiente y regulada.
Las regulaciones refuerzan los requisitos para stablecoins respaldadas en monedas fiduciarias, pero no contemplan adecuadamente las llamadas stablecoins sintéticas, que funcionan con mecanismos de sobrecolateralización y ajustes automáticos de mercado. Esto mantiene un vacío regulatorio para esos activos, que no encajan en las reglas aplicadas para las stablecoins tradicionales.
Para resolver parte de estas dificultades, plataformas modulares de cumplimiento surgen en el mercado, regulando de forma separada la emisión onchain y las conversiones en moneda fiat. Estas soluciones son operadas por entidades autorizadas, facilitando la adhesión a las normas específicas sin la necesidad de múltiples licencias. De esta forma, permiten mayor flexibilidad y potencial para la escalabilidad de las operaciones.
El desarrollo de esta arquitectura modular ha sido ejemplificado por iniciativas recientes de grandes actores, como Visa, Circle y Stripe, que lanzaron productos que involucran usos reales del USDC en transacciones reguladas. Aun así, la interconexión entre emisores y conversores todavía requiere estandarización en cuanto a acuerdos de nivel de servicio, horarios de procesamiento, informes y conciliaciones contables.
En la práctica, esta falta de estándar integrado impide la plena confianza del mercado y limita la adopción generalizada de las stablecoins en sistemas financieros globales. El nuevo nivel regulatorio destaca un desajuste entre la regulación de los emisores de stablecoins y de los sistemas financieros tradicionales que gestionan la conversión a moneda fiduciaria. Esa divergencia sigue siendo un obstáculo para la integración completa de estos activos digitales en los flujos financieros convencionales.
Artem Tolkachev, jefe de activos del mundo real (real world asset, RWA) de Falcon Finance, subraya que las limitaciones actuales en el proceso de conversión entre onchain y off-ramp restringen el potencial de las stablecoins. Él señala que el escenario actual dificulta la realización de pagos diarios elevados en stablecoins con costos compatibles y cumplimiento regulatorio uniforme.
La conclusión del proceso dependerá de la evolución de las regulaciones y de la expansión de la infraestructura para la conversión rápida y predecible a escala. Además del análisis regulatorio, el perfeccionamiento tecnológico será fundamental para superar los desafíos actuales y posibilitar un uso más amplio de las stablecoins en pagos internacionales.