La deuda pública global se proyecta que supere el 95% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2025, según datos divulgados por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Desde 2019, este indicador ha subido alrededor de 15 puntos porcentuales del PIB, lo que señala un aumento significativo del endeudamiento público mundial.
En las economías avanzadas, el déficit primario promedio registró recientemente un 2,5% del PIB, mientras que en las emergentes este promedio alcanzó alrededor del 3,8%, evidenciando desafíos fiscales en diferentes frentes. Brasil, por su parte, presentó movimientos acentuados en la tasa de interés a lo largo de los últimos años.
Entre 2016 y 2019, los intereses a largo plazo en el país cayeron del 16% a menos del 10%. Además, el Banco Central redujo la tasa Selic del 14,5% a aproximadamente el 5% en el mismo período. Sin embargo, en los últimos dos años, de 2023 a 2024, Brasil experimentó un aumento de las tasas de interés reales, principalmente debido al fuerte impulso fiscal.
Este entorno monetario elevado está inserto en un contexto de carga tributaria brasileña cercana al 38% del PIB, con gastos públicos en niveles equivalentes. La discusión, ocurrida en una reunión de la Federación de Industrias del Estado de São Paulo (Fiesp) en marzo de 2024, destacó la necesidad de que el país mantenga tasas de interés altas para controlar presiones inflacionarias persistentes.
En general, la política fiscal expansiva adoptada en Brasil ha estado presionando la política monetaria, que necesita mantener tasas de interés altas para vigilar la inflación. Entre 2023 y 2024, este movimiento llevó a un aumento en las tasas de interés largas, precisamente en respuesta a la expansión del gasto público y el estímulo a la demanda agregada.
La coyuntura muestra además que el impacto combinado de la política fiscal sobre la demanda agregada es determinante para el efecto final sobre la economía, pudiendo resultar en efectos expansivos o contractivos. Metas de inflación con un historial elevado hacen poco viable la reducción de las tasas de interés mediante la elevación de estas metas, según especialistas presentes en la Fiesp.
Por otro lado, las propuestas para un ajuste fiscal sostenible incluyen la revisión del gasto público y la disminución de la indexación de los costos gubernamentales. La estabilidad fiscal deseada pasa por mantener un resultado primario entre el 1% y el 2% del PIB en los próximos años. De este modo, el país intentaría contener el crecimiento de la deuda pública y mejorar las condiciones para la política monetaria.
No obstante, el aumento de la recaudación tributaria también acarrea riesgos, como la erosión de la base fiscal a mediano y largo plazo. Además, la constante alteración de las reglas fiscales en Brasil compromete la previsibilidad económica, factor esencial para decisiones de inversión y producción.
La comunicación clara y la credibilidad de las autoridades son señaladas como elementos decisivos para acelerar la caída de las tasas de interés largas y estabilizar la trayectoria de la deuda pública. Mientras tanto, el país enfrenta un alto costo de capital en la economía, un crecimiento persistente del crédito y desafíos para cumplir las metas inflacionarias establecidas por el Banco Central.
La conclusión del proceso aún depende de la implementación de medidas fiscales que promuevan mayor disciplina y previsibilidad, además de la continuidad de la política monetaria. Las autoridades indicaron que continuarán monitoreando el escenario fiscal y monetario brasileño para ajustar las estrategias que puedan llevar a la estabilización económica.